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Mantenimiento web: qué incluye, qué cuesta y qué pasa si no lo tienes

Agencia PMO·28 Jul 2026·6 min de lectura

El mantenimiento web es la partida que nadie mira al pedir presupuesto y la que decide si tu web sigue viva dentro de dos años. No es una cuota por si acaso: es lo que evita que un día entres y encuentres la web caída, hackeada o mostrando un error que lleva tres semanas ahí sin que nadie se diera cuenta. Esto es lo que incluye de verdad, cuánto cuesta y qué pasa si decides no contratarlo.

Qué incluye un mantenimiento de verdad

La palabra se usa para cosas muy distintas, así que conviene desmenuzarla. Un mantenimiento serio cubre cinco frentes:

  • Actualizaciones. El gestor de contenidos, la plantilla y los plugins publican versiones constantemente, y muchas corrigen fallos de seguridad. Actualizar sin comprobar nada es arriesgado; no actualizar, mucho peor.
  • Copias de seguridad automáticas, guardadas fuera del propio servidor y —esto es lo importante— probadas. Una copia que nunca se ha restaurado no es una copia: es una carpeta con esperanza.
  • Seguridad: cortafuegos, control de accesos, revisión de usuarios administradores y vigilancia de archivos modificados.
  • Vigilancia de que la web está en pie. Un aviso automático cuando deja de responder, para enterarte tú antes que tus clientes.
  • Pequeños cambios: cambiar un teléfono, subir unas fotos, corregir un texto. Es lo que más se usa en el día a día.

Lo que no suele estar incluido y conviene preguntar: rediseños, páginas nuevas, campañas, contenidos del blog o desarrollos a medida. Eso es trabajo de proyecto, no de mantenimiento.

De qué depende el precio

Los importes varían mucho porque debajo hay cosas muy diferentes. Lo que de verdad mueve la cifra:

  • El tipo de web. Una web de servicios con diez páginas da poco trabajo. Una tienda con pasarela de pago, stock y pedidos es otra liga: cada actualización puede romper el proceso de compra y hay que comprobarlo.
  • Cuántos cambios haces al mes. Si publicas contenido a menudo o cambias precios, el mantenimiento incluye horas de trabajo real.
  • El tiempo de respuesta comprometido. No cuesta lo mismo «lo miramos esta semana» que «en cuatro horas».
  • Si incluye el alojamiento o va aparte. Muchos presupuestos lo mezclan y luego no se sabe qué se está pagando.

La comparación honesta no es entre cuotas, sino entre qué cubre cada cuota. Una barata que solo actualiza plugins automáticamente y una que incluye copias probadas, seguridad y horas de cambios no son el mismo producto.

Una web sin actualizar durante un año no es una web barata: es una puerta abierta. Y limpiar un sitio infectado cuesta bastante más que el mantenimiento que no se contrató.

Qué pasa si no lo contratas

No pasa nada durante meses, y ese es justo el problema: parece que ahorras. Lo que suele ocurrir después:

Entradas por vulnerabilidades conocidas. La mayoría de los ataques no son dirigidos: son robots que recorren internet buscando versiones antiguas con fallos publicados. Si tu web lleva un año sin actualizar, es exactamente lo que buscan. Nos ha tocado limpiar sitios con usuarios administradores creados por terceros, y recuperar eso cuesta mucho más que la cuota.

Cosas rotas que nadie ve. El formulario de contacto que dejó de enviar correos y llevas dos meses sin recibir consultas creyendo que el mercado está flojo. Es más frecuente de lo que parece y no da ningún aviso.

Incompatibilidades acumuladas. Cuando por fin actualizas después de dos años, el salto es tan grande que algo se rompe seguro, y arreglarlo es un proyecto.

Pérdida de posiciones. Google penaliza sitios lentos, caídos o marcados como inseguros. Se pierde en semanas lo que costó meses.

¿Puedes hacerlo tú?

Sí, si tienes soltura y disciplina. Lo mínimo sería: actualizar una vez al mes con copia previa, comprobar después que la web y el formulario siguen funcionando, revisar los usuarios administradores cada cierto tiempo y tener copias automáticas fuera del servidor.

Lo que casi nadie hace por su cuenta es lo importante: probar que la copia se puede restaurar y comprobar el formulario después de cada cambio. Si sabes que no vas a hacerlo, es mejor pagarlo.

Y una recomendación independientemente de quién lo haga: que el dominio y el alojamiento estén a tu nombre, con tus accesos. Es lo que te permite cambiar de proveedor sin depender de nadie.

Cinco señales de que tu web no está mantenida

Si no sabes en qué estado está la tuya, estas pistas se comprueban en diez minutos y no requieren conocimientos técnicos:

  • El candado del navegador. Si aparece un aviso de «no seguro», el certificado ha caducado. Es lo primero que ve un cliente y lo que más confianza destruye.
  • El formulario de contacto. Mándate una prueba a ti mismo. Es la comprobación más rentable que existe y casi nadie la hace: hay webs llevando meses sin recibir consultas por un fallo de correo.
  • El año del pie de página. Si sigue poniendo 2021, probablemente nadie ha entrado a tocar nada desde entonces.
  • La velocidad en el móvil. Ábrela con datos, no con tu wifi. Si tarda más de tres o cuatro segundos, estás perdiendo visitas antes de que lleguen.
  • Los avisos del panel de administración. Si al entrar ves una lista de actualizaciones pendientes con meses de antigüedad, ahí tienes la respuesta.

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Las dudas que nos plantean siempre

«¿El mantenimiento incluye el alojamiento?» Depende del proveedor, y hay que preguntarlo siempre. Son dos cosas distintas: el alojamiento es el espacio donde vive la web; el mantenimiento, el trabajo de cuidarla. Muchos presupuestos los juntan y eso complica compararlos.

«¿Y si mi web es muy sencilla?» Necesita menos horas, pero las actualizaciones de seguridad y las copias hacen falta igual. Los robots que buscan vulnerabilidades no distinguen entre webs importantes y webs pequeñas.

«¿Puedo contratarlo con otra empresa distinta a la que me hizo la web?» Sí, siempre que tengas los accesos. Es una razón más para exigir desde el primer día que el dominio, el alojamiento y el panel estén a tu nombre.

«¿Incluye cambios de contenido?» En la mayoría de planes, un número de horas o de peticiones al mes. Conviene que esté por escrito, porque es la parte que genera más malentendidos: qué cuenta como «pequeño cambio» y qué es un proyecto nuevo.

«¿Cada cuánto hay que actualizar?» Las actualizaciones de seguridad, cuanto antes; el resto, con una revisión mensual va bien. Lo que no puede pasar es que transcurran meses sin mirarlo.

Cómo lo hacemos nosotros

En las webs que hacemos, el mantenimiento se presupuesta aparte y por escrito, con lo que entra y lo que no. La web, el dominio y el alojamiento quedan siempre a tu nombre, así que si un día quieres llevártelo a otro sitio, puedes.

Y si tu web la hizo otro y quieres que la revisemos antes de decidir nada, el punto de partida sensato es una auditoría: primero saber en qué estado está y luego decidir qué cuidados necesita.

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