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Landing page: qué es y cómo se hace una que convierta

Agencia PMO·28 Jul 2026·6 min de lectura

Una landing page es una página hecha para que pase una sola cosa: que quien llega haga algo concreto. Pedir presupuesto, apuntarse, comprar. No es la home, no es la página de servicios y no es «una página bonita»: es una página con un trabajo asignado. Y es la diferencia entre una campaña de publicidad que rinde y una que se come el presupuesto.

Qué es exactamente y en qué se diferencia

Tu home tiene que servir a todo el mundo: al que te conoce, al que busca tu teléfono, al que quiere ver quién eres. Por eso tiene menú, varias secciones y muchos caminos posibles. Está bien que sea así.

Una landing hace lo contrario: elimina caminos. Habla de una sola cosa, a un solo público, con una sola acción posible. Normalmente sin menú de navegación, para que no haya escapatorias que distraigan del objetivo.

Ese es el motivo por el que mandar el tráfico de una campaña a la home es tirar la mitad del dinero: la persona ha hecho clic en un anuncio sobre algo muy concreto y aterriza en un sitio que le habla de otras seis cosas.

Cuándo necesitas una

  • Cuando haces publicidad de pago. Si pagas por cada visita, cada una tiene que llegar exactamente a lo que le prometiste en el anuncio.
  • Cuando ofreces algo específico: un servicio concreto, una promoción, un evento, una guía descargable.
  • Cuando quieres medir de verdad. Con una página por campaña sabes qué funciona; con todo el tráfico entrando por la home, no.
  • Cuando el público es distinto. La misma oferta explicada a un particular y a una empresa necesita dos páginas, no una que intente contentar a los dos.

Y cuándo no: si tu tráfico llega por búsquedas orgánicas variadas, lo que necesitas son buenas páginas de servicio, no landings. No es lo mismo.

Una landing con dos objetivos tiene cero objetivos. Cada enlace extra que añades es una puerta por la que se te va alguien.

La estructura que funciona

No hay una fórmula mágica, pero sí un orden que responde a cómo decide la gente. De arriba abajo:

  • Un titular que diga qué consigue el visitante, no qué haces tú. «Tu reforma de baño en tres semanas, con presupuesto cerrado» funciona; «Expertos en reformas integrales» no dice nada.
  • Un subtítulo que concrete: para quién es, dónde, en qué condiciones.
  • La acción, visible sin bajar. El botón o el formulario tiene que verse desde el primer momento, y repetirse más abajo.
  • Prueba de que eres real: fotos de trabajos, reseñas, cifras concretas, logos si trabajas con empresas conocidas. Esto va arriba, no al final.
  • Qué incluye exactamente, en una lista que se lea de un vistazo.
  • Las objeciones respondidas. Precio, plazo, garantía, zona de trabajo, qué pasa si no queda bien. Cada duda sin responder es alguien que se va.
  • Cierre con la acción otra vez y, si aplica, algo que empuje: plazas limitadas de verdad, fecha real de una convocatoria.

El formulario: donde se pierde la mitad

Puedes tener la mejor página del mundo y perder la conversión en el último paso. Tres reglas:

Pide lo mínimo. Cada campo adicional reduce los envíos. Con nombre y una forma de contacto suele bastar; lo demás lo preguntas después, hablando.

Que se pueda enviar desde el móvil sin pelearse. Campos grandes, teclado adecuado para cada dato y nada de desplegables interminables.

Di qué pasa después. «Te llamamos en menos de 24 horas» reduce la ansiedad de rellenar. Y luego hay que cumplirlo.

Y ofrece una alternativa al formulario: teléfono pulsable o WhatsApp. Mucha gente prefiere escribir por ahí, y si no se lo pones, se va.

Errores que la hunden

Dejar el menú de navegación. Cada enlace es una salida. En una landing de campaña, fuera.

Escribir sobre ti. «Somos una empresa fundada en 1998 con vocación de servicio» no le importa a quien acaba de llegar buscando resolver un problema.

Que el anuncio prometa una cosa y la página hable de otra. Es la primera causa de rebote en campañas de pago, y además encarece los anuncios.

Que cargue lenta. Si tarda cuatro segundos en móvil, has pagado por una visita que nunca llegó a ver la página.

Publicarla sin medición. Sin evento de conversión configurado, no sabrás si funciona ni podrás optimizar la campaña.

Cómo mejorarla cuando ya está publicada

Una landing no se termina el día que se publica: se afina con lo que hace la gente. El método, sin complicarse:

  • Mide una sola cosa: el porcentaje de visitantes que hace lo que quieres. Si de cien llegan dos, ese es tu punto de partida.
  • Cambia un elemento cada vez y dale tiempo suficiente. Si cambias titular, foto y formulario a la vez, no sabrás qué funcionó.
  • Empieza por arriba. El titular y la primera pantalla deciden si alguien sigue leyendo, así que es donde más rinde cualquier mejora.
  • Mira grabaciones o mapas de calor si tienes volumen suficiente: enseñan hasta dónde baja la gente y en qué punto abandona.
  • Pregunta a quien sí contactó qué le decidió. Es información que ninguna herramienta te da y suele ser demoledoramente clara.

Y una advertencia sobre las comparaciones: con poco tráfico, las diferencias pequeñas no significan nada. Si te escriben tres personas a la semana, no hay forma seria de saber si una versión es mejor que otra en dos días.

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Las dudas que nos plantean siempre

«¿Puedo usar mi página de servicio como landing?» A veces sí, si está enfocada y tiene la acción clara. Lo que casi nunca funciona es usar la home. Si vas a invertir en publicidad de forma continuada, compensa una página específica.

«¿Cuántas landings necesito?» Una por oferta y público. Si haces campañas para dos servicios distintos, dos páginas. Reutilizar una para todo impide saber qué funciona.

«¿Sirven las landings para SEO?» Pueden posicionar, pero no es su función principal y a veces chocan: una página pensada para convertir tráfico de pago suele ser más corta y directa que una pensada para posicionar. Si quieres las dos cosas, normalmente son dos páginas.

«¿Cuánto tarda en hacerse?» El montaje es rápido; lo que lleva tiempo es decidir qué decir y conseguir el material —fotos reales, reseñas, datos concretos—. Esa parte depende de ti y es la que marca la diferencia.

«¿Cómo sé si funciona?» Con una cifra: cuántos de los que llegan hacen lo que quieres. Si de cien visitas te escriben dos, ahí tienes tu punto de partida para mejorar, cambiando una cosa cada vez.

Cómo lo hacemos nosotros

Cuando montamos campañas, la landing va antes que el anuncio, con la medición configurada desde el primer día. Y se escribe pensando en las objeciones reales de tu cliente, que normalmente las conoces tú mejor que nadie: son las que te preguntan por teléfono todas las semanas.

Si lo que necesitas es una web completa y no una página de campaña, eso es otra cosa: diseño web.

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